martes, 1 de marzo de 2011

Capítulo 17

Axel la sentó en la cama después de que llamara a Dina, la anciana, para que recogiera los cristales, y cogió un botiquín. Luego una silla delante de ella, y se sentó, con su pie sobre el regazo. Tenía el cristal clavado en el pie.
-Me duele mucho –susurró ella.
-Lo sé, no se preocupe. Intentaré que sufra lo menos posible.
Danielle, mientras Axel la ayudaba, se dio cuenta de que le estaba dejando curarla a un ladrón. ¿Y si también asesinaba a las personas?
Empezó a temblar ligeramente, y el joven alzó la cabeza.
-¿Pasa algo?
-Hum… usted… nunca creí que precisamente usted…
-¿Robara?
-Sí, bueno… Usted… es tan considerado y amable…
Bajó la mirada, y siguió curando su herida.
-Ya.
-¿Puedo saber… qué motivos le impulsa a hacer todo eso?
-Son buenos motivos, créame. Y sé que ahora mismo puede estar odiándome y temiendo que de un momento a otro la ataque, pero no lo haré. No soy esa clase de persona.
-Pero usted… ¿no ha matado nunca entonces?
Axel se molestó por la pregunta. Frunció el ceño.
-¡Claro que no! Sería incapaz de arrebatarle la vida a ningún ser vivo. No sé ni cómo se le ocurre semejante patraña.
-Lo siento –se disculpó ella sobrecogida.
Notaba que no era bienvenida en esa casa, pues por ahora, con todos los que se había encontrado se habían enfadado con ella.
Axel suspiró cansado, se levantó apartando la silla hacia un lado y, cogiendo el botiquín, la miró.
-No se mueva, podría hacerse daño otra vez.
Danielle asintió asustada, y Axel salió de la habitación, y volvió al cabo del rato. La cogió en brazos otra vez, y ella se ruborizó violentamente, temiendo tocarlo con las manos. Axel sonrió divertido mientras avanzaba hacia la puerta.
-Es usted muy inocente, señorita Gilbert. ¿Le da vergüenza que un hombre la coja en brazos?
-Un poco, como comprenderá.
-Entonces lo lamento, no quería incomodarla, pero tampoco dañarla. Tenía que elegir entre las dos opciones, y elegí no dañarla, como comprenderá –dijo estas dos últimas palabras con un ligero tono irónico.
Danielle puso los ojos en blanco, y Axel la dejó en el seguro suelo, al lado de dos zapatillas.
-Póngaselas, señorita Gilbert,
-Esto… ¿podría tutearme? Me resulta un poco…
-Claro que sí. Pero a cambio tú también me tutearás a mí.
-Bien, de acuerdo, señor Alexander.
-Y, por supuesto, me llamarás por mi nombre de pila.
-Oh, de acuerdo, Axel. Pero que quede claro que por esto no confío en ti. Todavía eres un ladrón, y…
Axel le puso los dedos, índice y corazón, en los labios, para que se callara. Danielle dio un ligero respingo, pero no se apartó.
-Ya te he dicho que todo tiene una razón, incluido un servidor. Pero de todos modos, no importa. Y siento ser tan escrupuloso contigo, Danielle, pero una vida y una libertad dependen de ti.
Axel empezó a salir por la puerta, dejándola atrás.
-¿Por qué debería importarme tu vida?
El joven se paró, se guardó las manos en los bolsillos del pantalón y sin mirarla, le respondió:
-No he dicho que fuera mi vida, Danielle, la que está en tus manos en estos momentos.
Y sin decir nada más, se fue, dejándola sorprendida con la boca medio abierta.

En el cap. 18...

"-Axel, ¿dónde está el dinero que le robaste al señor Jackson?
-Con todos mis respetos, no es de tu incumbencia, Danielle.
-Pero tienes que devolvérselo.
Axel frenó de repente. Seguía sin levantar la vista. Aún así, sus ojos seguían estando un palmo más por encima de ella.
-No."

jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 16

Danielle notó que estaba acostada sobre una cama mullida y suave, y estaba segura de que esa no era la suya.
Asustada, abrió los ojos, y se encontró, justo delante de su cara, el rostro de un niño de ojos dorados, sonriente.
-¡¡¡¡Ahhhh!!!! –gritó.
Se incorporó rápidamente y se dio un cabezazo contra la frente del pequeño, que cayó de espaldas a su lado, en la cama, junto con lo que parecía una bandeja llena de comida, que rebotó contra el suelo, manchándolo todo.
-¡¡Ayyyy!! –sollozó.
Empezó a llorar con fuerza, mientras se agarraba la frente, y Danielle fue junto a él. Se dio cuenta de que era el niño que había visto en la casa del señor Jackson. Max, si no se equivocaba.
-¡¡Oh, Dios mío!! ¡No… no llores, pequeño! ¡Lo… lo siento mucho! No pretendía…
-¡¿Qué pasa aquí?! –dijo una voz femenina.
Una muchacha de unos diecinueve o veinte años, pelirroja de ojos verdes y piel pálida, bastante guapa, con el pelo recogido en un moño perfecto apareció por la puerta, y al ver todo en el suelo y a Max llorando, puso los brazos en jarras y fulminó con la mirada a Danielle.
-¿Pero cómo se le ocurre hacer eso?
-Yo…
Fue hacia Max, lo cogió en brazos, lo dejó en el suelo, y le limpió la cara de las lágrimas.
-¿Mejor? –El niño asintió, pero al reparar en su frente, frunció el ceño-. Menudo golpe. Ven, vamos a curarte.
Y salió del cuarto con el niño sin dirigirle una segunda mirada a Danielle. Ésta suspiró, sintiéndose un poco culpable, cuando escuchó otra voz, pero esta vez masculina y jovial.
-Qué ven mis ojos. La bella durmiente se ha despertado por fin.
Alzó la mirada y se encontró con el joven de ayer, cruzado de brazos y apoyando el hombro en el marco de la puerta, sonriendo. Recordó el baile, su nombre, que era italiano y que…
Que el era el ladrón.
Con un grito ahogado, se bajó de la cama rápidamente –descubriendo con sorpresa que ya no llevaba su vestido, sino un camisón- y empezó a avanzar hacia la puerta, con tan mala suerte que se clavó un cristal del vaso roto que había caído antes de la bandeja.
-¡¡Ay!! –se quejó.
Axel alzó las cejas y acudió en su ayuda al momento. Pero Danielle retrocedió cojeando y negando con la cabeza.
-Por favor, por favor, no me haga daño. Yo…
-No voy a hacerle daño, señorita. O por lo menos no más que ese gran corte que tiene en el pie. Por favor, déjeme curarla.
-¡No!
-¡Se le infectará!
-¡Me da igual! –empezó a llorar-. ¡Quiero irme a casa!
Axel suspiró, y sin darle tiempo a reaccionar, pasó los cristales y la cogió en brazos. Ella se revolvió un poco, pero el pie le dolía muchísimo, y se dio cuenta de que en los brazos del joven apuesto tampoco se estaba tan mal…

En el capítulo 17:

"Danielle asintió asustada, y Axel salió de la habitación, y volvió al cabo del rato. La cogió en brazos otra vez, y ella se ruborizó violentamente, temiendo tocarlo con las manos. Axel sonrió divertido mientras avanzaba hacia la puerta.
-Es usted muy inocente, señorita Gilbert. ¿Le da vergüenza que un hombre la coja en brazos?"

viernes, 18 de febrero de 2011

Capítulo 15

Axel corrió hacia Max, pero se fijó que el pequeño tenía las mejillas sonrosadas y mojadas por las lágrimas. Al verlo, Max le abrazó inmediatamente con toda la fuerza que pudo.
-¡¡Ash!! –sollozó.
-¿Qué te pasa, Max?
-¡Pensé que te había perdido!
-Venga, venga, no llores más, peque. Recuerda que un caballero siempre mantiene la compostura.
El pequeño se pasó la manga de la blusa por los ojos, enjugándolos, y sonrió.
-Vale.
-Tenemos que irnos.
Stella miró a Axel.
-¿Por qué?
-Porque no podemos quedarnos más tiempo, señorita. De todos modos, debería ayudar a sus padres –al ver la mirada confusa que le mandó, suspiró-. Su hermana, señorita Stella, ha desaparecido.
-¡¿Cómo?!
La niña se fijó en sus padres y corrió hacia ellos. Axel cogió en brazos a Max y salió de la sala, que se había convertido en un gran bullicio, ya que la gente se había puesto nerviosa por la noticia.
Por suerte, los policías todavía no habían salido afuera para buscarla, así que al ver al cochero, suspiró aliviado, y sonrió.
-Ya estamos.
-Bien –el hombre asintió.
-Ash –dijo Max mientras Axel abría la puerta-. ¿Está todo el mundo nervioso por la desaparición de la hermana mayor de…?
Cuando subieron, y Axel se sentó y colocó a Max a su lado, el pequeño miró a la persona que estaba delante de él, inconsciente en el sillón, y se calló. El coche empezó a avanzar.
-Ash… esa… esa…
Axel enterró el rostro en las manos, desesperado, pues todo le había salido al revés. Por culpa de esa niña entrometida. Max le miró despacio, con los ojos dilatados de miedo.
-Ash. ¿Por qué la señorita Danielle está aquí? ¿No la están buscando sus papás?
-Max –miró al niño-. No puedes decírselo a nadie. Este es nuestro secreto.
Max no dijo nada. Se limitó a mirar a su hermano. Después de todo, seguía queriéndolo mucho, pero su inocencia no alcanzaba al por qué del secuestro.
-¿Vas… a hacerle daño?
Axel se incorporó con los ojos entrecerrados, apenados, pero llenos de sorpresa.
-Max, sabes que nunca le haría algo así a nadie. Lo único que debemos hacer es mantenerla en casa, porque sabe un secreto que no debería conocer, y nosotros la cuidaremos, ¿vale?
Al menos, pensó Axel, hasta que mantenga la boca bien cerrada ante lo que ha visto.
Pero como sabía que le odiaba, debía mantenerla cerca de él.
-Vale –contestó el niño, y rodeó el brazo de Axel con los suyos, cerrando los ojos-. Confiaré en ti, Ash.

En el cap. 16:

"-Qué ven mis ojos. La bella durmiente se ha despertado por fin."

"-¡¡Ay!! –se quejó.
Axel alzó las cejas y acudió en su ayuda al momento. Pero Danielle retrocedió cojeando y negando con la cabeza.
-Por favor, por favor, no me haga daño. Yo…"

viernes, 4 de febrero de 2011

Capítulo 14

¡Hooooolaa! Sí, hoy me notaréis feliz, ¿verdad? ya sabéis que no suelo poner más de una "a" o una "o" en mis holas, pero bueno.
Quiero pediros una cosa. ¿Sabéis que es un troll? Una persona malvada (cruel) que se mete con la gente y sus obras porque le da la gana. Y últimamente estoy viendo más de estos casos de los que me gustaría...
Bueno, con esto quería deciros que me gustaría que votarais un blog... que por poquito va ganando (por lo menos ahora mientras escribo esto).
http://cazadoradeblogs.blogspot.com/
Hay una encuesta al lado, y me gustaría que votarais a este blog: http://alec-vulturi-and-you.blogspot.com/
Si no os importa, claro está :D ¡Muchas gracias de antemano! <3
Ahí va la historia:


Axel se dirigió hacia el cuarto donde estaba la muchacha. Menudo contratiempo. No se habría imaginado esto ni en un millón de años.
Miró su pequeño reloj de cadena: las doce y cuarto. El coche que pidió ya debería estar afuera esperándole. Cogió a Danielle en brazos, fue hacia la puerta por dónde había ido el jefe de policía para bajar a la sala, y en vez de bajar las escaleras, con cuidado y discreción fue hacia el otro extremo de la balconada, bajó las otras escaleras que estaban justo al lado de la puerta por dónde se salía al exterior, y salió por ella, asegurándose que nadie lo veía. No hubo problemas.
El coche le esperaba efectivamente fuera, con el cochero esperando y los caballos impacientes. Abrió la compuerta, dejó a la chica acostada en el sillón, y luego la cerró. El cochero le miró.
-Señor, ¿podría esperar cinco minutos más? Tengo que recoger a alguien, y ahora vuelvo.
-Bien, pero le costará diez libras más.
-No hay problema.
Axel volvió a entrar en la gran casa, pasando el corredor principal hasta llegar a la sala, y en el interior, buscó con la mirada a Max. Lo encontró con la niña rubita, jugando a algo. Fue hacia él, pero el señor Jackson y el señor Gilbert, el padre de Danielle, le taparon el paso.
-¡Oh, señor Alexander! Espero que se lo esté pasando bien…
-¿Uh? Oh, sí. Claro que sí, señor Jackson. Pero…
-¡Dentro de poco servirán la comida de verdad!
-Sí, ya, pero…
La madre de la joven corrió hacia su marido asustada.
-Cariño, no encuentro a Danielle por ninguna parte.
El hombre apretó la mandíbula.
-¿Cómo que no la encuentras? Estará bailando con algún mozo de…
-¡No, no está! La busqué por todas partes, ¡pero no la encuentro! –empezó a sollozar.
El señor Jackson llamó al jefe de policía.
-Jefe, quiero que mande a sus policías a buscar por los alrededores a la hija mayor de los señores Gilbert.
-¿Danielle ha desaparecido?
Axel empezó a sudar notablemente.
-¡Sí, no la encontramos! ¡Venga, corra!
-¡Ahora mismo!
Fue hacia los policías, y les empezó a hacer señas que los hombres interpretaron inmediatamente.
Tenía que salir de ahí cuanto antes.

martes, 1 de febrero de 2011

Capítulo 13

Axel, al sentir un ruido en la puerta, se volvió rápidamente agarrando el bastón con las dos manos, y lo colocó en el cuello de la persona que lo estaba espiando, golpeándole contra la pared.
Alzó las cejas realmente sorprendido al encontrarse con el rostro de Danielle.
-¿Señorita Gilbert? -susurró él.
Danielle tenía los ojos cerrados, y al momento dejó de sentir presión en su cuello; sin embargo, sentía la respiración agitada de Axel demasiado cerca…
Abrió los ojos, y se encontró delante el pecho del joven contra ella, pues parecía que la tapaba. Alzó los ojos hacia los suyos; no la miraban, sino que estaban fijos hacia el fondo del pasillo.
-No diga nada, podríamos meternos en un buen lío los dos si nos descubren en los aposentos del señor Jackson –le susurró al oído.
Danielle, ruborizada por la enorme aproximación de Axel, asintió despacio, temblando como una hoja por estar atrapada por un ladrón.
Así que al final era uno.
Axel la apartó detrás de él, tapándola con su cuerpo al policía que venía hacia ellos corriendo, y se tapó los ojos con el sombrero.
-¡Señor! ¡El ladrón debió de escaparse, porque no lo encontramos!
-Bien, no pasa nada, sigue vigilando los aposentos del señor Jackson.
-¿Y el dinero? ¿Está todo en su sitio?
-Sí, nadie ha entrado mientras estuve dentro. ¡Venga!
-¡Sí, señor!
Y fue en dirección a la habitación. Mientras, Axel colocó a Danielle a su lado y la tapó con su chaqueta, avanzando hacia el cuarto dónde el verdadero jefe de policía se encontraba inconsciente.
Al entrar, el joven cerró la puerta detrás de él después de que Danielle pasara, temblando, al interior. Se quitó rápidamente la chaqueta, el sombrero, y dejó el bastón en el suelo.
-¿Us… usted… usted es…?
-Lo ha visto con sus propios ojos, ¿no? Creo que la escena anterior responde a su inacabada pregunta.
-Dios mío –jadeó-. No me lo puedo creer.
-Pues no lo haga.
Le colocó al jefe su chaqueta y su sombrero, y después se acercó a ella.
-Como veo que no puede olvidar lo sucedido, me temo que tendrá que venir conmigo.
-¡¿Cómo?! ¡No! ¡No pienso irme con un ladrón!
-Por favor, señorita Gilbert, no me lo ponga más difícil de lo que es.
-¡He dicho que no!
Axel suspiró cansado, y se encogió de hombros.
-Bien.
Cogió su jeringuilla, pues aún le quedaba un poco de líquido en el tubo transparente, y se lo clavó en el brazo a la joven. Ésta se durmió enseguida. La cogió en brazos y la dejó encima de la cama, y después abrió la puerta del cuarto y arrastró por el suelo al jefe de policía hasta el pasillo. Lo dejó sentado contra la pared, y cerró la puerta. Se acuclilló a su lado, apoyando una rodilla en el suelo y apoyando el codo en la otra levantada, y se pasó la mano por la frente mojada por el sudor del esfuerzo, apartándose los mechones del pelo negro que le tapaban los ojos.
-Señor –dijo empujando suavemente al hombre en el hombro-. ¡Señor!
El policía abrió los ojos, y miró a Axel.
-¿Axel? ¿Qué… me ha…?
-Se desmayó usted de repente en el suelo. Estaba preocupado.
-Gracias, muchacho. Pero en realidad me encuentro genial.
Axel suspiró aliviado. Temía haberle hecho daño o algo.
-Me alegro oírlo, señor. Pero será mejor que se vaya abajo a tomar un poco de vino, quizá, por su bienestar.
-¿Pero usted no tenía que…?
-¡Oh, no se preocupe! Ya me encargaré de ello yo solo.
-Bien.
El jefe se levantó, y tambaleante, se dirigió hacia la puerta que iba a las escaleras.

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En el capítulo 14:

"La madre de la joven corrió hacia su marido asustada.
-Cariño, no encuentro a Danielle por ninguna parte.
El hombre apretó la mandíbula.
-¿Cómo que no la encuentras? Estará bailando con algún mozo de…
-¡No, no está! La busqué por todas partes, ¡pero no la encuentro! –empezó a sollozar."

viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 12

Danielle, después de ver al jefe de policía subir con Axel, les siguió. Subió las escaleras, y entró en la puerta dónde habían ido ellos. Daba lugar a un enorme pasillo oscuro y tétrico…
Axel, sin embargo, ya había recorrido el corredor, y se había encontrado con un policía disfrazado. Se colocó el sombrero de modo que le tapara los ojos.
-Buenas noches, señor –dijo el policía.
-Buenas noches, muchacho –contestó Axel imitando la voz y el limitado vocabulario del jefe-. No quiero que ningún soldado pase por aquí, ¿me has entendido?
El policía frunció el ceño.
-Pero señor, el ladrón o ladrones…
-Hemos visto sospechosos en los alrededores de la casa. Quiero que avises a los demás para que vayan a investigar. Yo me aseguraré de que la fortuna del señor Jackson esté int… -carraspeó por la palabra demasiado formal que iba a utilizar-. Si está bien.
-De acuerdo, señor.
-¿Pero aún estás aquí? ¡Corre!
-¡Sí, señor!
Y salió corriendo. Axel suspiró brevemente y se volvió a colocar bien el sombrero. Después de asegurarse que el corredor que todavía quedaba por andar estaba desierto, empezó a caminar hasta la habitación del fondo. Al llegar, intentó abrirla, pero estaba cerrada con llave.
En ese momento, Danielle le vio entre las sombras.
“¡El jefe! ¿Pero dónde está el señor Alexander?”, pensó ella.
Pero Axel estaba tan concentrado en buscar una manera de abrir la puerta, que no se dio cuenta de que la chica estaba a unos metros de él. Finalmente cogió en los bolsillos de su chaleco un pequeño alambre, con el que se arrodilló y lo metió en la cerradura. Después de un poco de esfuerzo, consiguió abrirla con un chasquido, y entró.
Danielle se extrañó.
“¿Pero qué hace?”
Terminó el corredor, y entreabrió la puerta para ver lo suficiente sin ser vista.
Axel fue hacia un cuadro de entre muchos, justo encima de la cabecera de la cama, y lo abrió hacia fuera. Sonrió al ver la caja fuerte de detrás. Danielle miraba la escena sobrecogida. No entendía qué estaba haciendo el jefe de policía. ¿Acaso estaba robando?
¿Significaba eso que el padre de Ethan era el supuesto ladrón que todo el mundo buscaba? Quizá por eso nunca fue capaz de atrapar al granuja, porque o era un mal investigador, o era él mismo el que robaba…
Pero todos sus pensamientos desaparecieron cuando el hombre consiguió sorprendentemente abrir la caja, sacó la mitad de los billetes que había dentro y se los guardó dentro del chaleco del traje. Luego cerró la puerta, el cuadro, y finalmente bajó de la cama.
A Danielle se le cortó la respiración cuando, debajo del sombrero, vio que no era la envejecida cara del jefe, sino el hermoso rostro moreno del señor Alexander.
Vale, entonces el jefe era mal investigador.

Pondré partes de los próximos capítulos para que sepáis de qué van:
En el capítulo trece:

"Danielle tenía los ojos cerrados, y al momento dejó de sentir presión en su cuello; sin embargo, sentía la respiración agitada de Axel demasiado cerca…"

"-¿Us… usted… usted es…?
-Lo ha visto con sus propios ojos, ¿no? Creo que la escena anterior responde a su inacabada pregunta.
-Dios mío –jadeó-. No me lo puedo creer.
-Pues no lo haga."

lunes, 24 de enero de 2011

Capítulo 11

-Todavía no me ha dicho su nombre, señor Alexander –le dijo Danielle mientras bailaban.
Él le agarraba la cintura con una mano, y con la otra la mano de Danielle, mientras ésta apoyaba la otra en su hombro. Sonrió.
-Axel Alexander, para servirla en todo lo posible.
-Un placer. Nunca había conocido a un joven inglés tan… tan formal como usted.
-La mayoría no se molestan en ello. Es una pena, en realidad. Pero… debería saber, señorita Danielle, que no soy inglés, sino italiano.
La chica alzó las cejas sorprendida.
-Bueno, en realidad su acento y su físico le delata un poco… Pero no fui capaz de saber de dónde provenía –lo miró a los ojos, entornándolos-. ¿Puedo saber su edad, o es demasiado entrometido?
-Por supuesto. Veintidós años recién cumplidos –le sonrió, un tanto incómodo.
-Estoy segura que intenta descubrir la mía.
-No me hace falta descubrirla. Ya lo sé.
-¿Perdone?
-Habla con una madurez innata, sin embargo, su vocabulario la delata de su extrema juventud. No es adulta siquiera todavía, ¿verdad? Creo que le falta poco. Su vestimenta también me ayudó a saberlo. Unos diecisiete, y le faltan cinco meses para cumplir la mayoría de edad.
Danielle se quedó con la boca abierta, pero todavía no se dio por vencida.
-Me faltan seis meses. Me había sorprendido gratamente, señor Alexander, pero no todo es…
-Cinco, insisto. Debería saber que estamos a uno de mes.
Danielle lo miró a los ojos, pensativa, y se dio cuenta de que así era. No se atrevió a decir nada más.
Axel se fijó que la joven miraba de reojo a veces hacia el jefe de policía, nerviosa. Y éste, vigilaba la sala con la mirada por si veía a alguien sospechoso.
-¿Algún problema?
-¿Qué? –le miró con ojos asustados-. Eh, no, no. Ninguno.
-¿Seguro? Parece usted… nerviosa.
-Sí, bueno, es que… lo de que un ladrón esté en esta misma sala… me pone los pelos de punta, en realidad. Aunque lo viera a lo lejos, me daría miedo igual.
Axel alzó una ceja divertido. Si ella supiera… con quién estaba bailando en ese momento…
-Entiendo –carraspeó.
Se fijó en que algunos invitados, la minoría de invitados, llevaban la chaqueta puesta de sus trajes, al contrario que la mayoría de la gente. Y todos eran hombres. Axel sonrió. Ya sabía cómo descubrir a los policías. Ahora sólo habría que encargarse del jefe.
Al terminar la canción, Axel se despidió de Danielle y salió disparado hacia el jefe de policía, no sin antes echar un vistazo a dónde estaba Max. Jugaba con la niña rubita a buscar algo, así que no había problemas.
Al llegar, sonrió.
-Vaya, usted debe de ser el gran jefe de policía del que me han hablado bastante.
-¿Ah sí? –contestó éste halagado.
-Sí, y bueno, es obvio por qué. Señor, tiene usted un rostro muy audaz, y sin duda espero que pueda atrapar pronto a ese joven malvado.
Apretó enseguida los dientes, y dejó de respirar. Se dio cuenta de que había metido la pata hasta el fondo.
“No, no, no… ¿Qué acabo de hacer?”
-¿Joven? ¿Por qué dice usted que debería ser joven?
Pensó rápido.
-Oh, bueno… Es obvio, señor. Un hombre de avanzada edad estaría demasiado cansado para poder sustraer las pertenecías de la gente. Con un hombre de entre veinte y cuarenta, sería lo adecuado para que su mente esté especializada y llena de experiencia, pues para mí ese intervalo es joven.
Al policía le brillaron los ojos.
-¡Ah! Vaya, pues justamente yo estoy entre ese intervalo, y eso que mi mujer y mi hijo me dicen siempre que estoy demasiado viejo. Muchas gracias, señor…
-Llámeme Axel.
-Señor Axel.
-Hum. ¿Le importaría acompañarme? Debo subir las escaleras de la casa del señor Jackson porque me pidió un pequeño recado, y como veo que ahora mismo usted no parece muy ocupado y está un poco aburrido…
-Será un placer. La verdad es que sí, aquí no hay mucho qué hacer o con quién hablar. Mi mujer siempre se encarga de eso.
-Ya veo –Axel sonrió.
Ambos fueron, entre la gente, hacia las escaleras de la casa que subían a la balconada del interior de la sala, y las subieron.
Metiéndose en la primera puerta que vio Axel, los dos se metieron en ella. Resultó ser la puerta que daba a un oscuro y enorme corredor que pasaba por la casa.
Primero pasó el jefe de policía, y luego el joven, cerrando tras de sí.
-Es increíble esta casa, ¿no cree? –preguntó el jefe de policía maravillado.
-Sí, sin duda…
Axel metió la mano en el bolsillo del chaleco, y sacó disimuladamente la jeringuilla.
-Perdóneme –susurró.
-¿Qué…?
Pero no le dio tiempo a ver más. Axel ya le había clavado la aguja e insertado el somnífero en las venas, y el policía empezó a verlo todo borroso, hasta caer tendido en el suelo.
El chico le arrastró hasta un cuarto del corredor, cogió su chaqueta y su sombrero de copa, y como los pantalones eran del mismo color y estilo, no se molestó en ponerse los del hombre. Se puso las cosas, cogió el bastón que sostenía anteriormente el policía y salió de la habitación, cerrando la puerta y dejando al jefe dormido en el suelo.
Lo que Axel no sabía era que Danielle les había visto subir las escaleras y estaba a punto de entrar en el corredor…