jueves, 2 de diciembre de 2010

Prólogo

*A ver qué os parece. Si no os gusta o algo, escribo otra historia, no hay problema ;)

---------------------------------------------


Londres, 7 de Septiembre de 1854

Axel se encaminaba por el pasillo del lúgubre lugar, vestido –disfrazado- de policía.
El casco azul que llevaba sobre la cabeza le tapaba el rostro, difuminándolo en sombras, pues no quería que nadie le viese la cara.
Llegó hasta la puerta que llevaba a lo que él deseaba. Una joya, un diamante, de 25 quilates, colgado de un collar, ansiado por toda mujer británica que se apreciara y de buen linaje. Pero valía muchísimo dinero.
Y él quería obtenerlo.
El cuarto estaba custodiado por un policía con el mismo uniforme que él, un poco obeso y con bigote. En el pasillo hacía calor, bochorno, y el hombre se quitó un momento el casco, pasó un brazo por la frente perlada de sudor, y se lo volvió a colocar. Al ver a Axel entre sombras, se irguió rápidamente.
-¿Quién es usted?
-Buenas tardes, señor. Soy un encargado del consejero del conde. Me ha pedido personalmente, ya que su mujer desea el collar, recogerlo para la señora.
El hombre obeso le miró a conciencia.
-¿Puede… quitarse el casco?
-Me temo que eso no va a ser posible, mi señor.
-Necesito que se quite el casco.
-No.
-Pues entonces tendré que hacerlo a la fuerza…
Alzó el brazo hacia la cabeza de Axel, pero éste se llevó la mano al cinturón del uniforme, agarró la porra, le quitó el casco de un golpe y la descargó rápidamente en la cabeza del policía, para luego darle en la espalda con fuerza y desplomarlo contra el suelo inconsciente.
Le arrancó la llave que le colgaba del cuello, la metió en la cerradura y la puerta se abrió con un chasquido. La empujó con las dos manos, y entró en el lugar. El collar posaba sobre una pequeña columna. Axel se acercó con cuidado, lo cogió entre sus manos, le dio unas cuantas vueltas en sus largos dedos para comprobar que era el auténtico, y al cerciorarse de que así era, se lo colgó en la muñeca, debajo de la manga, y se quitó el casco. Se pasó la mano por el pelo negro; algunos mechones pegados en la frente por el calor del lugar, y suspiró. Se lo volvió a colocar, y salió rápidamente de allí, sin pararse para ver si el policía inconsciente todavía respiraba. Salió al exterior, pasando desapercibido entre los policías. Sin embargo, se dirigió a uno, todavía con el casco tapándole los ojos.
-Un hombre se acaba de desmayar ahí dentro. Por favor, vaya a echar un vistazo.
El policía le miró, y luego corrió adentro junto con tres más. Todo esto daría mucho de qué hablar, así que tendría que irse de allí y no volver a pisar el lugar durante algún tiempo.