Me volví rápidamente y me lo encontré. Intenté retroceder, pero la fuente me lo impedía.
Mi guardián tenía los brazos cruzados. Éste tenía el pelo negro cortado a la "moda", con una chaqueta negra, vaqueros oscuros, sin sus alas blancas a la vista, los ojos marrones con una mirada fría e intimidante y una sonrisa despreciable. Oh, y lo mejor, sólo tenía dieciocho años.
Y ya se creía mejor que los demás. Chulo asqueroso.
-¿Sabes? Me ha costado mucho encontrarte, pero bueno, por lo menos...
Miré a mi alrededor.
-¿Has venido tú solo?
-¿Me tomas por estúpido? Claro que no. No te voy a mentir: ellos me dijeron que no te informara de que están escondidos detrás de los árboles -de fondo se escuchó un chasquido de lengua, y el guardián se encogió de hombros-. Pero eso me da igual. Ahora pienso llevarte de vuelta.
-No. Antes prefiero la muerte.
Jack puso los ojos en blanco, y se acercó un paso a mí.
Pero yo no le dejé acercarse más. De repente paré el tiempo a mi gusto y me alejé de él, pero a los dos segundos todo volvió a restablecerse. Cómo hacía mucho que no me alimentaba de mi dieta, no duraba mucho. Él se extrañó de verme casi en el otro extremo al momento, pero luego se dio cuenta.
Sin duda no tenía un pelo de tonto.
-¡Cogedla! ¡No podemos perderla otra vez!
Mucha gente salió de los árboles y se abalanzaron sobre mí. Yo intenté parar otra vez el tiempo, pero me era física y psicológicamente imposible. Estaba demasiado cansada.
Y fue entonces cuando me atraparon.
Dos de ellos me agarraron de los brazos y Jack se colocó delante de mí. Pero esta vez su boca formaba una fina línea.
-¿Qué? ¿Y ahora qué piensas hacer?
Miré a los ángeles.
-Eh, cuidado. Que soy la hija de Freddy Krueger y Morticia.
Todos se echaron a reír menos Jack.
-Oh, me hace tan feliz ser la atracción de feria... -suspiré, y le miré con ojos suplicantes-. Por favor, por favor, no me obligues a volver a ese asqueroso lugar. ¡Por favor!
Mis ojos empezaron a cristalizarse, y por un momento Jack me miró con lástima, pero se recuperó al momento.
-No. Prometí que te llevaría de vuelta, y yo siempre cumplo con mi palabra.
Empecé a temblar ligeramente, y otro ángel me ató las muñecas en la espalda mientras los otros dos me las agarraban. Los demás sólo miraban.
-Te vas a arrepentir. Lo juro -murmuré.
Jack suspiró, sacó un móvil de su bolsillo, marcó un número y se lo puso en la oreja.
-Derek, trae el coche al parque (...) Sí, puedes, tranquilo. (...) -se ríe, y me mira-. No te preocupes, no muerde.
-Eso dilo por ti.
-Está bien. Chao -y cuelga.
A los cinco minutos, un todoterreno negro y grande aparca delante de mis narices, acompañado detrás por otros coches algo más pequeños, dónde se montaban los guardias.
Yo, atada de muñecas, subí obligada al todoterreno seguida de Jack.
lunes, 17 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Capítulo 2
De puntillas, salí de mi habitación y fui hasta la cocina. Miré de un lado a otro. Sin moros en la costa. Bien. Ya se habían ido todos. Volví a mi habitación, me vestí, hice mi cama y me miré en el espejo. Vaya, parezco la loca de la colina con estos pelos.
Cogí el peine y empecé a peinármelo. Sin duda yo tenía cara de niña, incluso a veces me echaban trece años, y mi comportamiento quizá no fuera muy maduro por mi parte, pero me daba igual.
Después me saqué la camiseta e hice un chasquido de dedos. Mis alas negras aparecieron en mis omóplatos, e intenté estirarlas todo lo que pude. Qué gusto. Retenerlas durante todo un día y noche era un logro, sin duda. Me sentía como cuando alguien tenía unas pocas ganas de ir al baño pero se aguantase. No era muy duro, pero era incómodo.
Como las alas eran algo más grandes que el cuarto, empecé sin querer a tirar cosas. Volví a chasquear los dedos, las alas desaparecieron y yo volví a vestirme. Suspiré, fui a la cocina, cogí una magdalena y salí del piso. Necesitaba tomar el aire.
Al bajar las escaleras, me encontré con la vecina anciana del segundo. Me paré a saludarla.
-Buenos días, Dina. Hoy le veo muy bien -le sonreí.
Ella me devolvió la sonrisa.
-Por supuesto, querida. Esto de subir y bajar escaleras hace milagros. Bueno, me voy ya, que tengo la comida al fuego, y si se me quema, entonces será malo.
Reí. La mujer me revolvió ligeramente el pelo, nos despedimos y me fui. Era una señora muy amable, que siempre me invitaba a comer pasteles. Y aunque se extrañaba que yo viviera con cuatro veinteañeros, siempre era muy educada.
Como era horario de invierno, todavía estaba el cielo oscuro, y las farolas alumbraban.
Sin embargo, no había nadie por la calle. Ni un alma, literalmente. Y eso no era normal.
Tragué saliva, pero seguí mi camino hasta el parque. Lo mismo, allí no había nada.
Fruncí el ceño, miré a mi alrededor y me acerqué a la gran fuente que había en el centro del lugar. Miré mi reflejo en el agua, y me quedé pensativa.
No sabía cuánto podría aguantar más sin que me encontraran. Seguramente creerían que estoy muerta. Pero entonces... no, no podría ser.
¿El por qué? Sencillo. En la academia había una sala. Nadie podía entrar allí, pero lo que había dentro tenía sin duda un valor incalculable. Era la sala de las Esferas. Cada esfera contenía en el interior las partículas de los cuatro elementos, más el tiempo y el espacio, y éstas estaban ligadas a nuestras almas. Si, por ejemplo, yo moría, la esfera del tiempo se apagaría y rompería.
Entonces el tiempo no pasaría. El mundo se quedaría congelado. Ya no rotaría sobre sí mismo, por lo que o sería de día siempre en algún lugar o sería de noche en otro. Así hasta que el organismo de los seres vivos, también parados, no pudieran soportar la ausencia de luz y se murieran.
Por eso deben protegerme. Pero yo ya dejé claro muchas veces que no necesito depender de nadie. Por favor, ni siquiera tenía padres. Yo salí de una molécula de aire a la que tomaron forma.
Salí del hilo de mis pensamientos cuando sentí un aletear de alas encima de mi cabeza. Alcé la mirada y un pájaro, golondrina, se posó a mi lado, en la fría piedra que rodeaba la fuente.
Sin duda tenía mirada inteligente, pero yo simplemente levanté la mano y salió volando.
Miré otra vez el agua, pero esta vez a mis ojos. Eran extraños. De color gris claro, casi blancos. Los demás ángeles sagrados los tenían rojos, verdes y azules. Y el ángel del espacio, del mismo que yo.
No sé cómo aguantaban allí.
Y entonces, escuché la voz escalofriante y fría que yo conocía muy bien:
-Te encontré.
*Bueno, aquí hago un paréntesis para deciros que tengo un nuevo blog, que ya puse en el otro, y es un tanto diferente. Quién no se haya pasado, verá a qué me refiero:
The Stories Hunter
¡Gracias!
Cogí el peine y empecé a peinármelo. Sin duda yo tenía cara de niña, incluso a veces me echaban trece años, y mi comportamiento quizá no fuera muy maduro por mi parte, pero me daba igual.
Después me saqué la camiseta e hice un chasquido de dedos. Mis alas negras aparecieron en mis omóplatos, e intenté estirarlas todo lo que pude. Qué gusto. Retenerlas durante todo un día y noche era un logro, sin duda. Me sentía como cuando alguien tenía unas pocas ganas de ir al baño pero se aguantase. No era muy duro, pero era incómodo.
Como las alas eran algo más grandes que el cuarto, empecé sin querer a tirar cosas. Volví a chasquear los dedos, las alas desaparecieron y yo volví a vestirme. Suspiré, fui a la cocina, cogí una magdalena y salí del piso. Necesitaba tomar el aire.
Al bajar las escaleras, me encontré con la vecina anciana del segundo. Me paré a saludarla.
-Buenos días, Dina. Hoy le veo muy bien -le sonreí.
Ella me devolvió la sonrisa.
-Por supuesto, querida. Esto de subir y bajar escaleras hace milagros. Bueno, me voy ya, que tengo la comida al fuego, y si se me quema, entonces será malo.
Reí. La mujer me revolvió ligeramente el pelo, nos despedimos y me fui. Era una señora muy amable, que siempre me invitaba a comer pasteles. Y aunque se extrañaba que yo viviera con cuatro veinteañeros, siempre era muy educada.
Como era horario de invierno, todavía estaba el cielo oscuro, y las farolas alumbraban.
Sin embargo, no había nadie por la calle. Ni un alma, literalmente. Y eso no era normal.
Tragué saliva, pero seguí mi camino hasta el parque. Lo mismo, allí no había nada.
Fruncí el ceño, miré a mi alrededor y me acerqué a la gran fuente que había en el centro del lugar. Miré mi reflejo en el agua, y me quedé pensativa.
No sabía cuánto podría aguantar más sin que me encontraran. Seguramente creerían que estoy muerta. Pero entonces... no, no podría ser.
¿El por qué? Sencillo. En la academia había una sala. Nadie podía entrar allí, pero lo que había dentro tenía sin duda un valor incalculable. Era la sala de las Esferas. Cada esfera contenía en el interior las partículas de los cuatro elementos, más el tiempo y el espacio, y éstas estaban ligadas a nuestras almas. Si, por ejemplo, yo moría, la esfera del tiempo se apagaría y rompería.
Entonces el tiempo no pasaría. El mundo se quedaría congelado. Ya no rotaría sobre sí mismo, por lo que o sería de día siempre en algún lugar o sería de noche en otro. Así hasta que el organismo de los seres vivos, también parados, no pudieran soportar la ausencia de luz y se murieran.
Por eso deben protegerme. Pero yo ya dejé claro muchas veces que no necesito depender de nadie. Por favor, ni siquiera tenía padres. Yo salí de una molécula de aire a la que tomaron forma.
Salí del hilo de mis pensamientos cuando sentí un aletear de alas encima de mi cabeza. Alcé la mirada y un pájaro, golondrina, se posó a mi lado, en la fría piedra que rodeaba la fuente.
Sin duda tenía mirada inteligente, pero yo simplemente levanté la mano y salió volando.
Miré otra vez el agua, pero esta vez a mis ojos. Eran extraños. De color gris claro, casi blancos. Los demás ángeles sagrados los tenían rojos, verdes y azules. Y el ángel del espacio, del mismo que yo.
No sé cómo aguantaban allí.
Y entonces, escuché la voz escalofriante y fría que yo conocía muy bien:
-Te encontré.
*Bueno, aquí hago un paréntesis para deciros que tengo un nuevo blog, que ya puse en el otro, y es un tanto diferente. Quién no se haya pasado, verá a qué me refiero:
The Stories Hunter
¡Gracias!
sábado, 8 de mayo de 2010
He vuelto (+capítulo)
Bueeeeeeno... yo creo que después de esto, ya habéis deducido que cambio rápidamente de idea. ¡Es que os echaba mucho de menos! Vuelvo a escribir, pero he cambiado todo.
He borrado un blog porque ya no era capaz de escribir más en él, y las demás historias ya no existen. Bueno, que tengo otras tres historias nuevas. Y las coloco en los blogs antiguos porque me dan pena borrarlos, y si a alguien le entra la pequeña nostalgia, puede volver a leerlos cuando quiera en el Blog Archive.
Y bueno, creo que eso es todo. Los links siguen siendo los mismos, para no complicarlo todo. Oh, y como me he enganchado al rollo de los ángeles, dioses griegos y medieval, pues... eso. Éste es el de ángeles.
Espero que os guste:
Capítulo 1
-Venga, dormilona, levanta, que con lo que duermes, no sé si es que estás hibernando o simplemente estás cansada.
Alguien me daba palmaditas en la espalda. Entreabrí los ojos y me encontré con Jorge.
Me incorporé con cuidado, bostecé como un camionero -sin exagerar- y le miré con los ojos entrecerrados, completamente despeinada. Conseguí arrancarle una sonrisa divertida.
-¿Qué... -otro bostezo- quieres?
-Nada, sólo era para avisarte de que ya me voy.
Miré el despertador de la mesita de noche. Las 7:45. Volví a mirarle otra vez enojada, y me acosté, tapándome con las sábanas.
-¿Me has escuchado? -preguntó otra vez mientras me daba con un dedo en el hombro-. ¿Eh, eh? ¿Me escuchaste?
-¡¡¡¡Que sí!!!!
-Bien.
Sentí sus pasos y la puerta que se cerraba. Cerré los ojos, y los volví a abrir.
Mierda, ahora ya no tengo sueño.
Me destapé y me quedé mirando el techo. Ya habrían pasado casi dos años desde que me escapé de aquel horrible lugar. Yo era uno de los ángeles sagrados, pero de ángeles no teníamos nada. No éramos como los demás: nuestras alas eran negras en vez de blancas, éramos hermosos y bebíamos sangre. Bah, lo normal.
Y sobre todo, no nacíamos, sino que éramos creados.
Sólo había cuatro en cada continente, en el que controlaban los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Y luego dos únicos en el mundo. Los que controlaban espacio y tiempo. Este último, mi especialidad.
Y como especiales que éramos, necesitábamos guardianes que velaban por nuestra seguridad, aparte de que eran nuestros mentores. Pero yo odiaba al mío, en el sentido estricto de la palabra.
Vamos, que me caía mal, muy mal.
Todos los ángeles, incluidos nosotros, asistíamos a una academia o internado, como queráis, dónde se nos enseñaba cómo sobrevivir en el mundo. Y bueno, también historia, mates y toda la pesca.
Pero para mí era demasiada presión, y cuándo me asignaron a mi nuevo guardián, ya que los demás habían desistido conmigo, decidí fugarme. Realmente me había costado, pero no fue imposible. Después de escaparme, durante algunos días estuve vagando por el mundo sin saber qué hacer, y caí rendida. Jorge, el de antes, me había recogido y acogido en su casa, junto con otros compañeros. Eran universitarios. Me encontró cuándo tenía catorce años, y desde entonces vivo con ellos en un apartamento. Y realmente se lo agradezco, aunque en realidad no saben qué soy ni qué valor tengo. Mejor así.
Me levanté de la cama, pero me tropecé con las sábanas y caí de bruces contra el suelo.
Uf, este sería un día muy largo.
He borrado un blog porque ya no era capaz de escribir más en él, y las demás historias ya no existen. Bueno, que tengo otras tres historias nuevas. Y las coloco en los blogs antiguos porque me dan pena borrarlos, y si a alguien le entra la pequeña nostalgia, puede volver a leerlos cuando quiera en el Blog Archive.
Y bueno, creo que eso es todo. Los links siguen siendo los mismos, para no complicarlo todo. Oh, y como me he enganchado al rollo de los ángeles, dioses griegos y medieval, pues... eso. Éste es el de ángeles.
Espero que os guste:
Capítulo 1
-Venga, dormilona, levanta, que con lo que duermes, no sé si es que estás hibernando o simplemente estás cansada.
Alguien me daba palmaditas en la espalda. Entreabrí los ojos y me encontré con Jorge.
Me incorporé con cuidado, bostecé como un camionero -sin exagerar- y le miré con los ojos entrecerrados, completamente despeinada. Conseguí arrancarle una sonrisa divertida.
-¿Qué... -otro bostezo- quieres?
-Nada, sólo era para avisarte de que ya me voy.
Miré el despertador de la mesita de noche. Las 7:45. Volví a mirarle otra vez enojada, y me acosté, tapándome con las sábanas.
-¿Me has escuchado? -preguntó otra vez mientras me daba con un dedo en el hombro-. ¿Eh, eh? ¿Me escuchaste?
-¡¡¡¡Que sí!!!!
-Bien.
Sentí sus pasos y la puerta que se cerraba. Cerré los ojos, y los volví a abrir.
Mierda, ahora ya no tengo sueño.
Me destapé y me quedé mirando el techo. Ya habrían pasado casi dos años desde que me escapé de aquel horrible lugar. Yo era uno de los ángeles sagrados, pero de ángeles no teníamos nada. No éramos como los demás: nuestras alas eran negras en vez de blancas, éramos hermosos y bebíamos sangre. Bah, lo normal.
Y sobre todo, no nacíamos, sino que éramos creados.
Sólo había cuatro en cada continente, en el que controlaban los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Y luego dos únicos en el mundo. Los que controlaban espacio y tiempo. Este último, mi especialidad.
Y como especiales que éramos, necesitábamos guardianes que velaban por nuestra seguridad, aparte de que eran nuestros mentores. Pero yo odiaba al mío, en el sentido estricto de la palabra.
Vamos, que me caía mal, muy mal.
Todos los ángeles, incluidos nosotros, asistíamos a una academia o internado, como queráis, dónde se nos enseñaba cómo sobrevivir en el mundo. Y bueno, también historia, mates y toda la pesca.
Pero para mí era demasiada presión, y cuándo me asignaron a mi nuevo guardián, ya que los demás habían desistido conmigo, decidí fugarme. Realmente me había costado, pero no fue imposible. Después de escaparme, durante algunos días estuve vagando por el mundo sin saber qué hacer, y caí rendida. Jorge, el de antes, me había recogido y acogido en su casa, junto con otros compañeros. Eran universitarios. Me encontró cuándo tenía catorce años, y desde entonces vivo con ellos en un apartamento. Y realmente se lo agradezco, aunque en realidad no saben qué soy ni qué valor tengo. Mejor así.
Me levanté de la cama, pero me tropecé con las sábanas y caí de bruces contra el suelo.
Uf, este sería un día muy largo.
domingo, 4 de abril de 2010
Lo siento
Veréis, lo siento muchísimo, pero por problemas personales y además de que ya no tengo la inspiración de siempre, voy a dejar de escribir.
Quizá alguna vez vuelva a querer escribir otra vez, por ello no cerraré los blogs.
De verdad que lo siento, pero tardaré bastante en volver.
Cuidaos y hasta siempre.
Quizá alguna vez vuelva a querer escribir otra vez, por ello no cerraré los blogs.
De verdad que lo siento, pero tardaré bastante en volver.
Cuidaos y hasta siempre.
sábado, 27 de marzo de 2010
T3 Capítulo 12 (Drake)
*Un aviso. El vampire's black heart, si habéis intentado entrar, no os habrá ido, supongo. Le cambié el nombre, ahora mismo lo pongo aquí, y siento no haber avisado antes u.u'':
http://the-dreams-giver.blogspot.com/
¡Gracias! ^^
Nos escaparíamos esta noche. ¿El porqué tan pronto? Fácil. Los padres de Claire quieren llevarla mañana mismo a abortar, aunque la verdad no sé cómo lo van a hacer sin pedir cita, pero lo arreglarían: siempre se salen con la suya. Por eso debíamos irnos ya.
Después de volver a escalar la tubería -con muchísima dificultad- y entrar por mi ventana otra vez en un tiempo récord, cogí una mochila cualquiera de mi armario, cogí cosas necesarias, me puse una chaqueta y salí al pasillo. Primero fui a la habitación de mis padres, que dormían pausadamente, y luego a la de Sofí. No la vería en mucho tiempo, y eso me dolía bastante, así que me acerqué a su cama y la vi dormir, mientras le acariciaba el pelo. La había visto crecer, todavía recordaba cuando era una niña rubita con unos ojos azules y enormes, y ahora... ahora se había convertido en una adolescente muy guapa. La echaría mucho de menos. Me incliné y le besé la mejilla, y después me volví hacia la puerta. Al bajar las escaleras, y encaminarme a la puerta, cogí las llaves del coche de mi padre y salí. Al entrar, respiré hondo y apoyé la cabeza en el respaldo del sillón.
-Estoy completamente loco... -murmuré.
Negué con la cabeza, miré mi casa por última vez y arranqué. Llegué a casa de Claire enseguida, que estaba esperando delante de su casa. Se subió al coche y me miró.
-¿Estás seguro de que...? -preguntó.
-Sí, tranquila. Y la verdad será un viaje bastante largo.
-Todavía no me has dicho dónde vive tu tía.
Arranqué el coche, y mientras miraba la carretera, le hablaba.
-Emmm... ¿de verdad que quieres saberlo? ¿No sería más emocionante que fuera una sorpresa?
Se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.
-Vale, interpreto ese gesto como un simple "no". Bien... emm... en... Alaska...
Se quedó de piedra. Y durante unos segundos interminables se me quedó mirando como si estuviera mal de la cabeza.
-Alaska. ¡¿Alaska?! ¡¿Pero por qué no me avisaste antes?! ¡Drake, está muy lejos! ¡Tardaremos por lo menos cinco días en llegar!
-Tranquila, vamos perfectamente equipados.
Suspiró, y miró por la ventana. Luego se acarició el vientre cariñosamente. Sonreí.
-No le pasará nada, te lo prometo -le dije, y ella volvió la cabeza hacia mí-. No sé cómo pudimos acabar así, pero ya verás.
-¿Y qué haremos si al final nuestros padres nos encuentran?
Me quedé pensativo y la miré un momento. La luz de la luna nos bañaba a ambos a través de su ventana, y no supe qué decir.
-No lo sé. Si quieras que te diga la verdad, no lo sé. Sé tanto como tú, pero... no lo harán.
Íbamos pasando por el gran puente de Brooklyn, y como era de noche, todas las luces de la ciudad de Nueva York se veían preciosas. Sin duda un gran regalo para la vista. Claire se quedó mirándolas.
-Vaya, realmente es muy bonito... -murmuró.
-Sí, en verdad sí.
Salimos del puente y la ciudad se fue alejando poco a poco. Aquí empezaría nuetro viaje...
http://the-dreams-giver.blogspot.com/
¡Gracias! ^^
Nos escaparíamos esta noche. ¿El porqué tan pronto? Fácil. Los padres de Claire quieren llevarla mañana mismo a abortar, aunque la verdad no sé cómo lo van a hacer sin pedir cita, pero lo arreglarían: siempre se salen con la suya. Por eso debíamos irnos ya.
Después de volver a escalar la tubería -con muchísima dificultad- y entrar por mi ventana otra vez en un tiempo récord, cogí una mochila cualquiera de mi armario, cogí cosas necesarias, me puse una chaqueta y salí al pasillo. Primero fui a la habitación de mis padres, que dormían pausadamente, y luego a la de Sofí. No la vería en mucho tiempo, y eso me dolía bastante, así que me acerqué a su cama y la vi dormir, mientras le acariciaba el pelo. La había visto crecer, todavía recordaba cuando era una niña rubita con unos ojos azules y enormes, y ahora... ahora se había convertido en una adolescente muy guapa. La echaría mucho de menos. Me incliné y le besé la mejilla, y después me volví hacia la puerta. Al bajar las escaleras, y encaminarme a la puerta, cogí las llaves del coche de mi padre y salí. Al entrar, respiré hondo y apoyé la cabeza en el respaldo del sillón.
-Estoy completamente loco... -murmuré.
Negué con la cabeza, miré mi casa por última vez y arranqué. Llegué a casa de Claire enseguida, que estaba esperando delante de su casa. Se subió al coche y me miró.
-¿Estás seguro de que...? -preguntó.
-Sí, tranquila. Y la verdad será un viaje bastante largo.
-Todavía no me has dicho dónde vive tu tía.
Arranqué el coche, y mientras miraba la carretera, le hablaba.
-Emmm... ¿de verdad que quieres saberlo? ¿No sería más emocionante que fuera una sorpresa?
Se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.
-Vale, interpreto ese gesto como un simple "no". Bien... emm... en... Alaska...
Se quedó de piedra. Y durante unos segundos interminables se me quedó mirando como si estuviera mal de la cabeza.
-Alaska. ¡¿Alaska?! ¡¿Pero por qué no me avisaste antes?! ¡Drake, está muy lejos! ¡Tardaremos por lo menos cinco días en llegar!
-Tranquila, vamos perfectamente equipados.
Suspiró, y miró por la ventana. Luego se acarició el vientre cariñosamente. Sonreí.
-No le pasará nada, te lo prometo -le dije, y ella volvió la cabeza hacia mí-. No sé cómo pudimos acabar así, pero ya verás.
-¿Y qué haremos si al final nuestros padres nos encuentran?
Me quedé pensativo y la miré un momento. La luz de la luna nos bañaba a ambos a través de su ventana, y no supe qué decir.
-No lo sé. Si quieras que te diga la verdad, no lo sé. Sé tanto como tú, pero... no lo harán.
Íbamos pasando por el gran puente de Brooklyn, y como era de noche, todas las luces de la ciudad de Nueva York se veían preciosas. Sin duda un gran regalo para la vista. Claire se quedó mirándolas.
-Vaya, realmente es muy bonito... -murmuró.
-Sí, en verdad sí.
Salimos del puente y la ciudad se fue alejando poco a poco. Aquí empezaría nuetro viaje...
miércoles, 17 de marzo de 2010
T3 Capítulo 11 (Drake)
Después de salir del lugar, fuimos a dar un paseo, y luego acompañé a Claire y a Paula a sus casas, y luego fui a la mía. Al entrar por la puerta, mis padres estaban esperándome con los brazos cruzados en el vestíbulo, con Sofí detrás de ellos con la boca tapada con la mano. Parpadeé sorprendido.
-¿Qué... qué ocurre? -pregunté con la voz algo temblorosa.
-¿Que qué ocurre? ¡¿Que qué ocurre?! -empezó, para mi sorpresa, mi madre-. ¡¿Pero tú en qué estás pensando, Drake?!
-A ver... si me explicáis de qué va la cosa...
-¡¿Qué es eso de que Claire está embarazada?!
¿Sabéis esa sensación de desasosiego cuando tus padres se te quedan mirando como si rompieras algo muy valioso para ellos o algo parecido? Bueno, pues a mí me pasaba eso multiplicado por diez.
Noté como palidecía. Con que la enfermera me mintió, diciéndome que no llamaría a nuestros padres. Genial.
-Bien... primero, vale, sí, eso creíamos. ¡Pero fuimos al médico y nos dijo que...!
Mi padre negó con la cabeza. Tragué saliva.
-Se había equivocado. Por eso llamaron a casa. Preguntaron por ti, pero les dijimos que no estabas, y que éramos tus padres. Y nos dieron la noticia.
-Ah... -intenté decir.
-Niño, yo te mato -me soltó.
En otras circunstancias, esto sería incluso cómico, pero desde mi punto de vista no tenía ni puñetera gracia.
-A ver, a ver... está bien. Tranquilos, todo se puede arreglar...
Mi padre se estaba acercando amenazadoramente a mí, pero lo esquivé, subí las escaleras rápidamente y entré en mi habitación, cerrando con llave. Uf, vale, me libré hasta mañana. Pero entonces... a Claire también... Oh, no...
Miré hacia la ventana. Claire... tengo que ir a por ella. Incluso en estos casos me hace gran falta el protegerla. Respiré hondo, me fui hacia la ventana y miré hacia abajo. Vale, sí, estaba muy alto, pero era césped... no debería doler mucho... ¿no?
Primero pasé una pierna, luego la otra y me quedé colgando con los codos apoyados en el marco. Vale, bien. Ahora lo difícil sería dejarme caer. Pero me fijé que al lado tenía como una tubería. Bueno, supongo que mi peso aguantaría. Me colgé de ella y empecé a bajar.
Ya abajo, miré orgulloso la ventana. No fue tan difícil. Me volví y me fui por la acera hacia la casa de Claire. Me fijé en el cielo. Ya era casi noche cerrada. Pero cuando iba por el parque, y como estaba distraído mirando la luna y las estrellas, ni cuenta me di de que me había chocado con alguien y se había caído al suelo. Le ayudé a levantarse, y... para mi grandísima sorpresa, era mi Claire, pero tenía los ojos llorosos y rojos, y estaba colorada. Al reconocerme -yo todavía flipaba viéndola- me abrazó.
-Claire, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras? -pregunté mientras la atraía hacia un banco y la empujé suavemente para que se sentara-. Venga, cielo, cuéntame. Ahora mismo iba a ir hacia tu casa...
-¡No! -exclamó de repente. Me acarició la mejilla-. No. Si te ven mis padres... no sé qué te harían, de verdad, y lo último que querría...
-Vale, tranquila. Venga, dime -le sequé las lágrimas con el dorso de la mano.
-Pues... pues... -empezó con voz ahogada por las lágrimas-. Se enteraron de que fuimos al médico a... bueno, ya sabes, y... y... ¡Drake, sí que lo estoy! ¡El médico se había equivocado! Por eso les llamaron y...
Sonreí un poco, la atraje hacia mí, y le besé el pelo.
-Ya... también llamaron a los míos. Y la verdad no me apetece volver a casa.
-Yo me escapé, pero... delante de ellos -por mi mirada se explicó enseguida-. Es que... mis padres me echaron una bronca tremenda, y decían que estaba castigada hasta... bueno, que no pude soportarlo y me escapé. Venían detrás mía, pero les distraje. No quiero volver a casa, Drake... decían de abortar a nuestro bebé... pero yo lo quiero... -volvió a llorar.
Suspiré. ¿Qué iba a decir en esos momentos de tensión?
Y de repente se me ocurrió algo. Era una locura, pero... supongo que cuando tienes diecisiete años haces cualquier locura.
-Claire... se me acaba de ocurrir algo... -murmuré.
-¿Lo qué? -preguntó entre lágrimas.
-Tengo... tengo una tía... que aunque vive algo lejos de aquí, estaría muy agradecida de recibirnos.
-¿Cómo? ¿Escaparnos de verdad? ¿Como si... nos estuviéramos fugando?
-Bueno... si quieres verlo así... sí.
-¿Pero tu tía... de verdad que querrá...?
-Claro que sí. Siempre se alegra de que vayamos a visitarla. Es que... vive sola, y siempre agradece la compañía. Incluso está tan aburrida que ni siquiera sabe en qué gastarse el dinero. A veces viaja por el mundo. Pero esa no es la cuestión. Lo que quiero decir es que estará encantada de que vivamos con ella durante mucho tiempo. Incluso... podríamos... criar al bebé allí...
-Pe... pero... pero mis padres se volverían locos, y los tuyos también Drake. Aunque... -bajó la mirada a su vientre y lo abrazó-, quizá no sea tan mala idea.
-¿Entonces te parece bien?
Asintió. Sí, es verdad, una idea quizá malísima. Pero ahora, si soy sincero, es la mayor ilusión que he tenido.
-¿Qué... qué ocurre? -pregunté con la voz algo temblorosa.
-¿Que qué ocurre? ¡¿Que qué ocurre?! -empezó, para mi sorpresa, mi madre-. ¡¿Pero tú en qué estás pensando, Drake?!
-A ver... si me explicáis de qué va la cosa...
-¡¿Qué es eso de que Claire está embarazada?!
¿Sabéis esa sensación de desasosiego cuando tus padres se te quedan mirando como si rompieras algo muy valioso para ellos o algo parecido? Bueno, pues a mí me pasaba eso multiplicado por diez.
Noté como palidecía. Con que la enfermera me mintió, diciéndome que no llamaría a nuestros padres. Genial.
-Bien... primero, vale, sí, eso creíamos. ¡Pero fuimos al médico y nos dijo que...!
Mi padre negó con la cabeza. Tragué saliva.
-Se había equivocado. Por eso llamaron a casa. Preguntaron por ti, pero les dijimos que no estabas, y que éramos tus padres. Y nos dieron la noticia.
-Ah... -intenté decir.
-Niño, yo te mato -me soltó.
En otras circunstancias, esto sería incluso cómico, pero desde mi punto de vista no tenía ni puñetera gracia.
-A ver, a ver... está bien. Tranquilos, todo se puede arreglar...
Mi padre se estaba acercando amenazadoramente a mí, pero lo esquivé, subí las escaleras rápidamente y entré en mi habitación, cerrando con llave. Uf, vale, me libré hasta mañana. Pero entonces... a Claire también... Oh, no...
Miré hacia la ventana. Claire... tengo que ir a por ella. Incluso en estos casos me hace gran falta el protegerla. Respiré hondo, me fui hacia la ventana y miré hacia abajo. Vale, sí, estaba muy alto, pero era césped... no debería doler mucho... ¿no?
Primero pasé una pierna, luego la otra y me quedé colgando con los codos apoyados en el marco. Vale, bien. Ahora lo difícil sería dejarme caer. Pero me fijé que al lado tenía como una tubería. Bueno, supongo que mi peso aguantaría. Me colgé de ella y empecé a bajar.
Ya abajo, miré orgulloso la ventana. No fue tan difícil. Me volví y me fui por la acera hacia la casa de Claire. Me fijé en el cielo. Ya era casi noche cerrada. Pero cuando iba por el parque, y como estaba distraído mirando la luna y las estrellas, ni cuenta me di de que me había chocado con alguien y se había caído al suelo. Le ayudé a levantarse, y... para mi grandísima sorpresa, era mi Claire, pero tenía los ojos llorosos y rojos, y estaba colorada. Al reconocerme -yo todavía flipaba viéndola- me abrazó.
-Claire, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras? -pregunté mientras la atraía hacia un banco y la empujé suavemente para que se sentara-. Venga, cielo, cuéntame. Ahora mismo iba a ir hacia tu casa...
-¡No! -exclamó de repente. Me acarició la mejilla-. No. Si te ven mis padres... no sé qué te harían, de verdad, y lo último que querría...
-Vale, tranquila. Venga, dime -le sequé las lágrimas con el dorso de la mano.
-Pues... pues... -empezó con voz ahogada por las lágrimas-. Se enteraron de que fuimos al médico a... bueno, ya sabes, y... y... ¡Drake, sí que lo estoy! ¡El médico se había equivocado! Por eso les llamaron y...
Sonreí un poco, la atraje hacia mí, y le besé el pelo.
-Ya... también llamaron a los míos. Y la verdad no me apetece volver a casa.
-Yo me escapé, pero... delante de ellos -por mi mirada se explicó enseguida-. Es que... mis padres me echaron una bronca tremenda, y decían que estaba castigada hasta... bueno, que no pude soportarlo y me escapé. Venían detrás mía, pero les distraje. No quiero volver a casa, Drake... decían de abortar a nuestro bebé... pero yo lo quiero... -volvió a llorar.
Suspiré. ¿Qué iba a decir en esos momentos de tensión?
Y de repente se me ocurrió algo. Era una locura, pero... supongo que cuando tienes diecisiete años haces cualquier locura.
-Claire... se me acaba de ocurrir algo... -murmuré.
-¿Lo qué? -preguntó entre lágrimas.
-Tengo... tengo una tía... que aunque vive algo lejos de aquí, estaría muy agradecida de recibirnos.
-¿Cómo? ¿Escaparnos de verdad? ¿Como si... nos estuviéramos fugando?
-Bueno... si quieres verlo así... sí.
-¿Pero tu tía... de verdad que querrá...?
-Claro que sí. Siempre se alegra de que vayamos a visitarla. Es que... vive sola, y siempre agradece la compañía. Incluso está tan aburrida que ni siquiera sabe en qué gastarse el dinero. A veces viaja por el mundo. Pero esa no es la cuestión. Lo que quiero decir es que estará encantada de que vivamos con ella durante mucho tiempo. Incluso... podríamos... criar al bebé allí...
-Pe... pero... pero mis padres se volverían locos, y los tuyos también Drake. Aunque... -bajó la mirada a su vientre y lo abrazó-, quizá no sea tan mala idea.
-¿Entonces te parece bien?
Asintió. Sí, es verdad, una idea quizá malísima. Pero ahora, si soy sincero, es la mayor ilusión que he tenido.
martes, 2 de marzo de 2010
T3 Capítulo 10 (Drake)
Los tres nos encaminamos al hospital, dónde tuvimos que esperar para entrar. Y lo peor es que éramos los últimos de una gran cola. Nos sentamos en unas sillas, y le cogí la mano a Claire.
-Venga, tranquila... -le animé.
Respiró hondo, y me sonrió.
Después de la gran espera, una enfermera se nos acercó. Los tres nos levantamos, y empezó:
-Bueno, ¿a qué se debe esta visita?
-Tenemos que saber... si está... embarazada -dije susurrando.
-Oh, bueno... ¿y quién...?
Miró a Paula y a Claire.
Ambas se señalaron la una a la otra.
-¡Ella, no yo! -dijeron al unísono.
La enfermera se quedó a cuadros, y no me extraña: si no fuera porque estaba en un momento de gran tensión, hasta resultaría cómico.
-Mirad, no tengo todo el día para aguantaros, así que por favor...
-Emmm... -le di un suave codazo a Claire en las costillas-. Yo.
-¿Y te llamas...?
Se quedó pensativa. Si usábamos nuestros nombres reales... seguramente llamarían a nuestros padres, y Claire lo sabía.
-Cameron.
-¿Apellido?
-Díaz -la enfermera, Paula y yo nos quedamos mirándola.
-¿Cameron... Díaz? -repitió la enfermera-. ¿Estás segura que...?
-¡Sí, estoy segura! -gritó.
-Vale, vale. ¿Eres su novio? -me preguntó. Asentí-. Pues dime el tuyo.
Iba a hacer una estupidez.
Carraspeé, me peiné mejor el flequillo con un movimiento de cabeza y guardé las manos en los bolsillos, apoyándome en la pared.
-Bloom. Orlando... Bloom -dije con voz seductora, pero me sonrojé al momento.
Definitivamente, soy idiota.
-Así que Orlando Bloom, ¿eh?
-Sí, y yo Madonna, no te joroba -susurró Paula. Claire le profirió una patada en el pie, y calló.
La enfermera suspiró.
-Por favor, dadme vuestros nombres reales. Si lo que os preocupa es que llamemos a vuestros padres, pues no lo haremos.
-Está bien. Somos Drake Jones, Claire Liddle y Paula Palace. ¿Seguro que no...?
-No, en serio. Bien, Claire, puedes pasar.
Claire entró con miedo, pero decidida. Después de que Paula y yo esperásemos mucho tiempo fuera, salió con lágrimas en los ojos, y me abrazó.
Yo también la abracé.
-¿Qué te ha dicho? -susurré.
-Que no, Drake. ¡No lo estoy!
-¿Entonces por qué te dieron negativo y positivo? ¿Qué...?
-El positivo debía de estar mal, o algo así -sollozó.
Sonreí. ¡No lo estaba! Uf, una carga menos.
Miré hacia Paula, que se abrazaba a la enfermera, también sollozando, pero a ésta última no le hacía mucha gracia.
-Venga, venga, ya... suéltame anda, niña, que no tengo...
-Que sí, que sí, no tienes todo el tiempo -le soltó-. Ya te dejo.
Salimos del hospital sonrientes. Pero no sé... tenía un algo aquí dentro... quizá... ¿me hacía ilusión haber sido padre? No, imposible, soy demasiado joven. O eso creo.
-Venga, tranquila... -le animé.
Respiró hondo, y me sonrió.
Después de la gran espera, una enfermera se nos acercó. Los tres nos levantamos, y empezó:
-Bueno, ¿a qué se debe esta visita?
-Tenemos que saber... si está... embarazada -dije susurrando.
-Oh, bueno... ¿y quién...?
Miró a Paula y a Claire.
Ambas se señalaron la una a la otra.
-¡Ella, no yo! -dijeron al unísono.
La enfermera se quedó a cuadros, y no me extraña: si no fuera porque estaba en un momento de gran tensión, hasta resultaría cómico.
-Mirad, no tengo todo el día para aguantaros, así que por favor...
-Emmm... -le di un suave codazo a Claire en las costillas-. Yo.
-¿Y te llamas...?
Se quedó pensativa. Si usábamos nuestros nombres reales... seguramente llamarían a nuestros padres, y Claire lo sabía.
-Cameron.
-¿Apellido?
-Díaz -la enfermera, Paula y yo nos quedamos mirándola.
-¿Cameron... Díaz? -repitió la enfermera-. ¿Estás segura que...?
-¡Sí, estoy segura! -gritó.
-Vale, vale. ¿Eres su novio? -me preguntó. Asentí-. Pues dime el tuyo.
Iba a hacer una estupidez.
Carraspeé, me peiné mejor el flequillo con un movimiento de cabeza y guardé las manos en los bolsillos, apoyándome en la pared.
-Bloom. Orlando... Bloom -dije con voz seductora, pero me sonrojé al momento.
Definitivamente, soy idiota.
-Así que Orlando Bloom, ¿eh?
-Sí, y yo Madonna, no te joroba -susurró Paula. Claire le profirió una patada en el pie, y calló.
La enfermera suspiró.
-Por favor, dadme vuestros nombres reales. Si lo que os preocupa es que llamemos a vuestros padres, pues no lo haremos.
-Está bien. Somos Drake Jones, Claire Liddle y Paula Palace. ¿Seguro que no...?
-No, en serio. Bien, Claire, puedes pasar.
Claire entró con miedo, pero decidida. Después de que Paula y yo esperásemos mucho tiempo fuera, salió con lágrimas en los ojos, y me abrazó.
Yo también la abracé.
-¿Qué te ha dicho? -susurré.
-Que no, Drake. ¡No lo estoy!
-¿Entonces por qué te dieron negativo y positivo? ¿Qué...?
-El positivo debía de estar mal, o algo así -sollozó.
Sonreí. ¡No lo estaba! Uf, una carga menos.
Miré hacia Paula, que se abrazaba a la enfermera, también sollozando, pero a ésta última no le hacía mucha gracia.
-Venga, venga, ya... suéltame anda, niña, que no tengo...
-Que sí, que sí, no tienes todo el tiempo -le soltó-. Ya te dejo.
Salimos del hospital sonrientes. Pero no sé... tenía un algo aquí dentro... quizá... ¿me hacía ilusión haber sido padre? No, imposible, soy demasiado joven. O eso creo.
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