sábado, 8 de mayo de 2010

He vuelto (+capítulo)

Bueeeeeeno... yo creo que después de esto, ya habéis deducido que cambio rápidamente de idea. ¡Es que os echaba mucho de menos! Vuelvo a escribir, pero he cambiado todo.
He borrado un blog porque ya no era capaz de escribir más en él, y las demás historias ya no existen. Bueno, que tengo otras tres historias nuevas. Y las coloco en los blogs antiguos porque me dan pena borrarlos, y si a alguien le entra la pequeña nostalgia, puede volver a leerlos cuando quiera en el Blog Archive.
Y bueno, creo que eso es todo. Los links siguen siendo los mismos, para no complicarlo todo. Oh, y como me he enganchado al rollo de los ángeles, dioses griegos y medieval, pues... eso. Éste es el de ángeles.
Espero que os guste:

Capítulo 1

-Venga, dormilona, levanta, que con lo que duermes, no sé si es que estás hibernando o simplemente estás cansada.
Alguien me daba palmaditas en la espalda. Entreabrí los ojos y me encontré con Jorge.
Me incorporé con cuidado, bostecé como un camionero -sin exagerar- y le miré con los ojos entrecerrados, completamente despeinada. Conseguí arrancarle una sonrisa divertida.
-¿Qué... -otro bostezo- quieres?
-Nada, sólo era para avisarte de que ya me voy.
Miré el despertador de la mesita de noche. Las 7:45. Volví a mirarle otra vez enojada, y me acosté, tapándome con las sábanas.
-¿Me has escuchado? -preguntó otra vez mientras me daba con un dedo en el hombro-. ¿Eh, eh? ¿Me escuchaste?
-¡¡¡¡Que sí!!!!
-Bien.
Sentí sus pasos y la puerta que se cerraba. Cerré los ojos, y los volví a abrir.
Mierda, ahora ya no tengo sueño.
Me destapé y me quedé mirando el techo. Ya habrían pasado casi dos años desde que me escapé de aquel horrible lugar. Yo era uno de los ángeles sagrados, pero de ángeles no teníamos nada. No éramos como los demás: nuestras alas eran negras en vez de blancas, éramos hermosos y bebíamos sangre. Bah, lo normal.
Y sobre todo, no nacíamos, sino que éramos creados.
Sólo había cuatro en cada continente, en el que controlaban los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Y luego dos únicos en el mundo. Los que controlaban espacio y tiempo. Este último, mi especialidad.
Y como especiales que éramos, necesitábamos guardianes que velaban por nuestra seguridad, aparte de que eran nuestros mentores. Pero yo odiaba al mío, en el sentido estricto de la palabra.
Vamos, que me caía mal, muy mal.
Todos los ángeles, incluidos nosotros, asistíamos a una academia o internado, como queráis, dónde se nos enseñaba cómo sobrevivir en el mundo. Y bueno, también historia, mates y toda la pesca.
Pero para mí era demasiada presión, y cuándo me asignaron a mi nuevo guardián, ya que los demás habían desistido conmigo, decidí fugarme. Realmente me había costado, pero no fue imposible. Después de escaparme, durante algunos días estuve vagando por el mundo sin saber qué hacer, y caí rendida. Jorge, el de antes, me había recogido y acogido en su casa, junto con otros compañeros. Eran universitarios. Me encontró cuándo tenía catorce años, y desde entonces vivo con ellos en un apartamento. Y realmente se lo agradezco, aunque en realidad no saben qué soy ni qué valor tengo. Mejor así.
Me levanté de la cama, pero me tropecé con las sábanas y caí de bruces contra el suelo.
Uf, este sería un día muy largo.