sábado, 9 de julio de 2011

Capítulo 35

Axel, horrorizado, bajó sin hacer el menor ruido las escaleras, entró en su despacho, y al cerrar la puerta, fue hacia su mesa. Apoyó las manos en ésta, y agachó la cabeza. Era incapaz de respirar bien. No podía, sencillamente no podía.
Nunca se había imaginado que Danielle, con todo lo que odia el hurto de objetos y dinero, se enamorara precisamente de él, un ladrón de guante blanco. Increíble.
Suspiró, desesperado. Levantó la cabeza, con la mirada perdida en la pared detrás de su sillón. ¿Qué iba a hacer ahora? Si la dejaba ir, podría escapársele que él era el ladrón, lo condenarían y lo matarían en dos días, como mucho. Y si no la dejaba ir…
Como había dicho Nathan, el roce hace el cariño. Cuánto más tiempo pasasen juntos, ella se enamoraría todavía más, y él… bueno, seguramente acabaría igual.
De repente, petaron en la puerta.
-Puedes pasar –dijo sin volverse.
-Axel, quería hablar contigo.
El corazón se le disparó al reconocer la voz. Se volvió rápidamente, y se ruborizó al constatar que, en efecto, era Danielle.
-S-s-¡sí! ¡Dime! –carraspeó incómodo-. Emm… quiero decir… Eso, dime.
Danielle alzó las cejas ante el tono nervioso de Axel.
-¿Te pasa algo?
-¿A mí? No, qué va. Fue un… un… esto… -se cruzó de brazos, ruborizándose todavía más, y desvió la mirada al suelo-. No. Yo… -suspiró, y toda la sangre se le bajó de golpe de la cara-. Dime lo que quieres, Danielle, y así dejaré de hacer el ridículo.
-Hum, bueno, me gustaría saber qué estrategia tienes para mañana.
-Oh, bueno. Ven.
Axel rodeó la mesa, y colocándose de pie delante del sillón, se apoyó en el extremo del escritorio, y sacó un papel doblado de un cajón. Danielle se colocó enfrente de él, al otro lado.
Axel desplegó el papel. Era una especie de mapa.
-Me… he tomado la libertad de conseguir los planos de la casa de la señora Brown.
-¿Cómo…? –preguntó sorprendida.
Axel sonrió un poco.
-Su arquitecto es un buen amigo mío. Bien, nuestro objetivo serán las joyas. Las tiene escondidas en algún lugar de su habitación –señaló un cuadrado del papel-. No las tiene a simple vista, ahí ha sido más lista que el señor Jackson.
-Pero… el dinero del señor Jackson no estaba a simple vista.
Axel la miró burlonamente.
-Danielle, por favor. Estaba claro dónde se encontraba. Del cuello del señor Jackson colgaba un pequeño panel de metal, dónde en un lado de éste tenía su apellido escrito, y en el otro ponía unos números que supuse que serían su fecha de nacimiento, pero el año no concordaba con su edad, por lo tanto esa era la clave del que tendría que ser, por eliminación, una caja fuerte. Y bueno, el dónde… había un policía vigilando en el pasillo superior de la mansión, y el jefe no paraba de preguntar por los aposentos del señor Jackson, a lo mismo que éste. No hay que ser un genio para saberlo.
Danielle lo miró con la boca abierta.
-¿Me enseñarás a hacer eso? –Axel rio.
-Claro que sí, mujer. Pero sólo cuando tengamos tiempo. Bien, lo dicho, una señora como ella no podría esconderlo en otro lugar que no sea su habitación, pues si no me equivoco tiene un cuarto un poco sospechoso, para despistar por si algún día alguien entrara a robar. Y bueno, sólo faltaría buscar dónde. Ahí es donde entras tú.
-¿Hum?
-Sí. Tú sólo debes decir dónde está el baño, subir al piso superior, y en vez de dirigirte allí, vas a su cuarto, y buscas cualquier pista, una rendija, un cuadro, incluso detrás del espejo de su tocador. Cualquier sitio. Pero sólo tienes siete minutos exactos. ¿Te ha quedado claro?
-Creo… que sí.
-Bien, entonces cuando bajes, me dices dónde está y quiero que distraigas a la señora Brown mientras yo voy hacia allí. ¿Todo bien?
-Sip.
-Bien, eso es todo.
-Vale, estoy preparada.
-No sé, no sé… Todavía no has entrenado más días, pero bueno, confiaré en ti –la miró pensativo, y se incorporó-. ¿Necesitas algo más?
Danielle apretó los labios, y se lo quedó mirando unos segundos. Axel consiguió, con toda su fuerza de voluntad, no sonrojarse, y la miró con dureza.
-¿Quieres algo o no?
-Yo… hum… -la muchacha miró al suelo, avergonzada, deseando decirle todo lo que sentía por él, las cosquillas que le aparecían en el estómago cada vez que lo veía, o las piernas temblorosas cuando estaba demasiado cerca, incluso que lo único que estaba pensando en ese momento era abrazarlo, besarlo y no soltarlo nunca-. No, nada. Ya me voy.
-Bien. Hum… Danielle –la llamó justo cuando ésta ya estaba en la puerta-. Espero que no me decepciones.
Ella tragó saliva, asintió y salió de allí.
Después Axel se derrumbó, completamente, apoyándose contra la mesa. No sabía qué iba a hacer.