sábado, 11 de junio de 2011

Capítulo 32

Axel la soltó, y Danielle se volvió despacio hacia él.
-¿Por qué no iba a confiar en ti? –susurró, mirándolo de hito en hito.
Axel no sabía qué decir. Se había quedado embobado mirando sus oscuros ojos. Inconscientemente, alzó una mano y le acarició una rosada mejilla. Danielle sintió escalofríos, y le costaba respirar. Axel dejó resbalar la mano de la mejilla a la nuca, y se acercó a ella.
-Simplemente no deberías. Al fin y al cabo, te he secuestrado, ¿no? –murmuró inclinándose en su oído, rozando sus labios en su oreja.
Danielle tragó saliva nerviosa, y asintió, temblorosa. Quería besarlo, pero tenía miedo de que la apartara.
-Pero tampoco me has hecho daño, ¿verdad? –volvió a susurrar ella.
Él sonrió.
-Verdad.
De repente, Danielle trastabilló, mientras la cabeza le dolía entre palpitaciones, y sus piernas cedieron. Axel la atrapó antes de que pudiera caer. La tendió en el suelo, preocupado.
-Danielle, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?
-Sí, yo… -se llevó las manos al estómago.
Axel escuchó unos ruidos procedentes de éste, y alzó las cejas. Comprendió lo que le pasaba.
Levantó un poco su camiseta, hasta quedar por debajo del pecho, y miró su abdomen. Estaba prácticamente hundido.
-¿Qué… qué haces? –le preguntó ella intentando bajarse la camisa, pero Axel se lo impidió.
-Comprobando.
Le palpó el estómago, trasmitiendo pequeñas descargas a Danielle, que se había vuelto a sonrojar de todos los tonos del rosa y del rojo, y el muchacho suspiró. Le bajó la camiseta, y la irguió, dejándola sentada.
-¿Cuándo fue la última vez que comiste?
-Hum… creo que…
-¿Ayer? –ella negó con la cabeza-. ¿Antes de ayer…? –volvió a negar-. ¿Desde…?
-Desde la cena en casa del señor Jackson.
Axel la miró con la mandíbula apretada.
-¡¿Y por qué no me dijiste nada?! ¡¿No ves que te puedes morir de hambre o enfermar?! ¡¿Tampoco has bebido nada?!
-No –murmuró, rehuyendo su mirada.
Axel le cogió el rostro entre las manos, y la obligó a mirarlo.
-Por qué no me dijiste nada.
-Porque… cuando me negué a comer el otro día, me dijiste que tú no me darías de comer entonces. Así que supuse que si te lo pedía, no me lo darías…
-Pero eso te lo dije por… -suspiró exasperado-. Da igual. Anda, ven, tienes que desayunar.
La intentó levantar, pero le costaba andar, así que Axel la cogió en brazos sin esfuerzo y la llevó al interior de la casa. Max y Dina ya no estaban en la cocina, así que la sentó en una silla, y le preparó él mismo bastante comida para tres personas.
Cuando le puso los platos encima de la mesa, Danielle abrió mucho los ojos.
-Yo… no puedo comer todo esto.
Axel la miró, alzó una ceja y se cruzó de brazos, apoyándose de espaldas contra la mesa, de pie, a su lado.
-O comes, o te obligaré yo mismo a tragarte todo eso. Tú eliges, por las buenas o por las malas –se inclinó hacia ella, y susurró-. Y créeme, mi método es por las malas.
Danielle tragó saliva tanto por la aproximación de Axel como por su tono intimidatorio. Cogió el tenedor y empezó a comer bajo la atenta mirada del joven.